El compacto centro histórico de Urbino demuestra que el Renacimiento fue un proyecto urbano además de un movimiento artístico. La UNESCO lo inscribió en 1998 por su influencia cultural europea y por la manera excepcional en que la arquitectura renacentista se adaptó a una ciudad medieval. El estancamiento posterior al siglo XVI ayudó, sin proponérselo, a conservar su aspecto.
Federico da Montefeltro, gobernante entre 1444 y 1482, reunió humanistas, matemáticos, arquitectos y pintores como Leon Battista Alberti, Piero della Francesca, Luciano Laurana y Francesco di Giorgio Martini. Sus proyectos no borraron la ciudad heredada: la transformaron en una capital cortesana coherente.