La Piazza San Lorenzo de Viterbo puede parecer demasiado tranquila para su historia política. Allí se levanta la catedral y, junto a ella, el Palazzo dei Papi recuerda el siglo XIII, cuando esta ciudad pasó a ocupar un lugar central en la Iglesia católica. Comienza en la plaza antes de entrar. Los arcos y la logia dan al palacio un rostro público; el gran salón interior conserva la memoria de una elección que se prolongó casi tres años. Los dos espacios se explican entre sí.
La presencia papal creció en Viterbo cuando los conflictos dificultaron la permanencia de la corte en Roma. El ayuntamiento sitúa en el siglo XIII la ampliación del palacio e identifica el Aula del Cónclave y la Loggia delle Benedizioni como sus espacios emblemáticos. No son simples ornamentos. La logia colocaba al pontífice ante la ciudad; el salón reunía dentro a un grupo dividido de cardenales. Una arquitectura proyectaba autoridad hacia el exterior; la otra mostró cuán difícil podía resultar alcanzar un acuerdo.