Urbino se alza entre las colinas de la región italiana de Las Marcas, tierra adentro desde la costa adriática. Su centro histórico no es una suma de monumentos aislados: calles, murallas, iglesias y Palacio Ducal forman un paisaje urbano compacto en el que el carácter renacentista sigue siendo fácil de leer. La Unesco incluyó el centro histórico en su Lista del Patrimonio Mundial en 1998 y destacó tanto el florecimiento cultural del siglo XV como el modo en que el declive económico posterior contribuyó a conservar su aspecto. Aquí, la subida empinada y los callejones estrechos son parte de la visita, no solo el camino entre atractivos.
La ciudad también está estrechamente vinculada con Rafael, nacido aquí en 1483, y con el arquitecto Donato Bramante, igualmente natural de Urbino. Su universidad, fundada en 1506, mantiene una activa comunidad estudiantil. Esa combinación de patrimonio cortesano, vida académica y emplazamiento elevado hace de Urbino algo más que una fotografía de excursión. Merece un paseo sin prisas, especialmente si el visitante mira más allá del patio del palacio hacia los oratorios, las callejuelas y los espacios cívicos menos concurridos.