Hvar es el nombre tanto de una isla croata como de su ciudad más grande, una diferencia importante al organizar el viaje. La isla se encuentra en el Adriático, frente a la costa dálmata, mientras que la ciudad de Hvar ocupa su sector occidental. Quien llega en ferry a Stari Grad desembarca en otra localidad de la misma isla: ese barco no lo deja directamente en la ciudad cuyo nombre aparece en muchas guías. En el territorio insular hay asentamientos históricos, viñedos, calas y un paisaje agrícola inscrito por la Unesco, por lo que conviene mirar más allá del paseo marítimo.
El atractivo de Hvar no se limita a las vacaciones de playa en verano. La llanura central y las bahías protegidas influyeron durante siglos en la vida de sus pobladores, la agricultura y las rutas marítimas. La oficina de turismo describe una isla de viñas, olivares, romero, lavanda y pinares, con paisajes distintos de un extremo a otro. La ciudad de Hvar reúne un centro histórico compacto y un puerto; Stari Grad se abre a una bahía profunda y a la llanura antigua; Jelsa y otras poblaciones sirven como base para explorar. Antes de intentar recorrer todo, conviene elegir dónde alojarse y comprobar las distancias por carretera.