En Mostar, el Puente Viejo es mucho más que un lugar para tomar fotografías. Conocido localmente como Stari Most, cruza las aguas verdes del río Neretva y une dos sectores de una ciudad histórica cuyas calles, mercados y orillas crecieron alrededor de ese paso. El puente conecta los callejones del casco antiguo en ambas márgenes y su arco de piedra se recorta sobre un profundo desfiladero. La primera impresión es arquitectónica; su historia completa también habla de vida urbana, pérdida y reconstrucción.
El puente forma parte del conjunto urbano histórico de Mostar, una ciudad marcada por el periodo otomano y, más tarde, por la influencia austrohúngara. Las calles estrechas, las casas de piedra, los talleres y los edificios religiosos del casco antiguo muestran distintas capas históricas, no una época congelada. La obra fue encargada durante el gobierno del sultán otomano Solimán el Magnífico y concluida en 1566. La Unesco la describe como una destacada obra de ingeniería otomana, asociada con Mimar Hayruddin, discípulo del célebre arquitecto Sinan.