En la abrupta Sierra Gorda de Querétaro, cinco iglesias misionales franciscanas aparecen entre poblaciones de montaña, no dentro de un único conjunto arqueológico. Sus fachadas ornamentadas invitan a mirar de cerca, pero la historia no se limita a la arquitectura ni a la figura de un solo fraile. Los templos surgieron durante la evangelización colonial de una región donde comunidades indígenas habían resistido durante generaciones. La UNESCO reconoce en ellos un testimonio del encuentro cultural; una visita responsable también considera las desigualdades y tensiones de ese proceso.
El bien inscrito por la UNESCO reúne Santiago de Jalpan y Nuestra Señora de la Luz de Tancoyol, en el municipio de Jalpan de Serra; Santa María del Agua de Landa y San Francisco del Valle de Tilaco, en Landa de Matamoros; y San Miguel Concá, en Arroyo Seco. Las misiones están separadas por la sierra: visitarlas implica organizar un recorrido regional, no entrar por cinco puertas de un mismo patio. La inscripción data de 2003 y sitúa su construcción en la fase de evangelización del interior de México durante mediados del siglo XVIII.