La antigua Olimpia se entiende mejor como un paisaje sagrado que como el lugar de nacimiento del deporte moderno en sentido estricto. El yacimiento arqueológico está en el Peloponeso occidental, en el valle formado por los ríos Alfeo y Cladeo y al pie del monte Cronio. La Unesco registra asentamientos prehistóricos en el valle y describe el santuario como un centro destacado de culto, política y vida social. El lugar quedó especialmente asociado con Zeus, y sus edificios servían a sacerdotes, administradores, atletas, invitados y peregrinos.
Los Juegos Olímpicos antiguos se fechan tradicionalmente en 776 a. C., la primera olimpiada registrada, y la Unesco señala que se celebraron regularmente hasta el año 393 d. C. Tenían lugar cada cuatro años y atraían participantes de distintos puntos del mundo griego. No pueden separarse del festival religioso ni de las relaciones políticas entre ciudades-estado: no eran simplemente una versión antigua de una competición en un estadio moderno. Comprender ese contexto cambia el recorrido. Las ruinas representan una institución completa, en la que el culto, la preparación atlética, la administración y el alojamiento se organizaban alrededor del Altis, el recinto sagrado.