Paraty suele presentarse mediante sus casas blancas y calles empedradas, pero la ciudad costera brasileña se entiende mejor como un punto de encuentro entre historia, paisaje y cultura viva. Está en la Costa Verde del estado de Río de Janeiro, cerca del límite con São Paulo, entre el Atlántico y las empinadas montañas de la Serra da Bocaina. Su centro histórico es solo una parte de un bien más amplio inscrito por la Unesco, que también abarca bosques protegidos, islas, playas y comunidades tradicionales. La visita puede llevar de un trazado urbano del siglo XVIII a un museo y, después, a la bahía y las laderas verdes.
La importancia de Paraty nació de su posición entre las rutas marítimas costeras y el interior. A finales del siglo XVII se convirtió en el punto de llegada del Caminho do Ouro, o ruta del oro, que trasladaba el metal desde las zonas mineras de Minas Gerais hasta el puerto para embarcarlo rumbo a Europa. Por esa misma vía ingresaban herramientas destinadas al interior; el puerto también fue una puerta de entrada para africanos esclavizados, obligados a trabajar en las minas. Esa historia es inseparable de la arquitectura y la prosperidad de la ciudad. Debe leerse como una historia colonial de extracción y esclavitud, no solo como una pintoresca ruta comercial.