Desde el mar, Visby se anuncia con una línea de piedra clara entre el Báltico y los tejados. Al cruzar una de sus puertas medievales, la imagen cambia: las callejuelas giran hacia la catedral, las ruinas de iglesias se alzan detrás de los comercios y el puerto nunca queda demasiado lejos. Es la ciudad más grande de Gotland, la isla sueca del mar Báltico, pero su centro histórico invita a avanzar al paso de quien camina.
La célebre muralla es motivo suficiente para llegar, aunque conviene quedarse para observar la vida que continúa dentro de ella. Visby no es un decorado construido para el visitante de verano. Entre antiguos almacenes y casas de piedra vive y trabaja gente, y la historia de la isla va mucho más allá de los mercaderes cuya riqueza modeló estas calles.