La mayoría de los viajeros llega a Agra pensando en el Taj Mahal, pero el otro gran monumento de la ciudad inscrito por la Unesco cuenta una historia distinta del poder mogol. El Fuerte de Agra no es un palacio aislado: es una ciudad imperial amurallada junto al río Yamuna, construida y transformada por gobernantes que utilizaron la arquitectura para organizar la corte y defender la capital. Sus murallas de arenisca roja se extienden unos 2,5 kilómetros y encierran salas de audiencia, residencias, mezquitas y patios. Está aproximadamente a 2,5 kilómetros del Taj Mahal. Ambos caben en una jornada, aunque responden a propósitos y ambientes distintos: aquí el visitante se acerca al gobierno, la vida de palacio y la evolución de una sede imperial.
El Gobierno del distrito de Agra describe el fuerte como una capital mogola amurallada que el emperador Akbar reconstruyó en arenisca roja a partir de 1565. La Unesco también lo identifica como un importante monumento mogol del siglo XVI. La precisión importa: el lugar tenía una historia anterior, pero la ciudadela que hoy reconoce el visitante tomó forma bajo Akbar y los gobernantes que le sucedieron. Su emplazamiento junto al Yamuna combinaba defensa, circulación y acceso al agua. Más que imaginar un diseño terminado de una vez, conviene entenderlo como un conjunto que incorporó edificios y cambios a medida que las necesidades de la corte evolucionaban.