En el extremo norte de Jaipur, el Jal Mahal parece flotar sobre el lago Man Sagar. Su simetría serena llama la atención, pero el dato más útil para quien viaja puede pasar inadvertido: el palacio no suele estar abierto al público. Para la mayoría, la visita consiste en observarlo desde la orilla, no en recorrer sus interiores. Conviene entenderlo como parte del paisaje urbano de Jaipur, donde el agua, la piedra, las colinas y el crecimiento de la ciudad se encuentran, y no como un palacio con salas y galerías accesibles tras una puerta.
Las fuentes oficiales coinciden en situar la construcción en el siglo XVIII, pero no atribuyen su origen al mismo gobernante. La ficha en inglés de Turismo de Rajastán afirma que el maharajá Madho Singh I concibió el Jal Mahal como pabellón de caza para sus salidas de patos, no como residencia. En cambio, la página en hindi del mismo departamento atribuye la construcción del palacio romántico al maharajá Jai Singh II. Incredible India, del Ministerio de Turismo, también lo sitúa en el siglo XVIII. Ante esta diferencia, lo prudente es no presentar un nombre como autoría definitivamente establecida.