Keoladeo suele presentarse como destino para observar aves, pero su rasgo más revelador es la relación entre fauna y agua, gestionada activamente por las personas. Cerca de Bharatpur, en Rajastán, este humedal de 2.873 hectáreas ocupa una depresión natural transformada por terraplenes, diques y compuertas. No es un espacio separado de la historia humana: primero fue un coto real para la caza de patos; después recibió protección como santuario y en 1982 fue declarado parque nacional. La Unesco lo inscribió en 1985. Su historia trata de aves, pero también de cómo un humedal acondicionado llegó a ser un lugar de conservación y observación pública.
Rajasthan Tourism sitúa la transformación del paisaje en las obras hidráulicas que los gobernantes de Bharatpur levantaron hace unos 250 años. La Unesco explica que el humedal depende de un suministro regulado desde un embalse situado fuera de los límites del parque; los diques y compuertas interiores crean distintas profundidades, aprovechadas por diversas aves. Así se entiende por qué la ecología del lugar no puede separarse de las decisiones sobre el agua. Las inundaciones, los periodos secos y el momento de las entradas de agua modifican el hábitat: la cantidad de aves y las oportunidades de observación cambian según la temporada. Es un paisaje que exige gestión continua, no una postal inmóvil.