El Palacio Residencial de Ludwigsburg es tan extenso que la primera pregunta es por dónde empezar. Sus patios y fachadas hablan de un gobernante decidido a hacer visible el poder, mientras la ciudad crecía alrededor de la residencia. Entra por Schlossstraße y observa la escala antes de una visita guiada. No es una misma sala lujosa multiplicada cientos de veces: los apartamentos, espacios ceremoniales y cambios posteriores siguieron las distintas etapas de la corte de Wurtemberg.
La institución estatal sitúa el proyecto de Eberhard Ludwig a comienzos del siglo XVIII. Lo que empezó relacionado con la caza y el ocio se convirtió en una gran residencia; en 1718 el duque trasladó aquí su corte. Palacio y ciudad pasaron a ser centro de gobierno. Por eso el plano urbano importa tanto como el edificio: la construcción no solo ocupó Ludwigsburg, también ayudó a formarla. La comparación con Versalles expresa la ambición de aquella época, pero la historia política local resulta más reveladora que un apodo.