El Palacio de Ludwigsburg fue comisionado en 1704 por el duque Eberhard Ludwig de Württemberg, inicialmente como un modesto albergue de caza. Sin embargo, inspirado en la grandeza de Versalles, el duque imaginó una residencia real que reflejaría sus ambiciones. Durante las siguientes décadas, el palacio se convirtió en uno de los complejos barrocos más grandes de Europa, con más de 400 habitaciones y 18 edificios.
Cada generación se agregó a su magnificencia. A fines del siglo XVIII, Ludwigsburg era más que un hogar: era el corazón político, cultural y artístico de la corte de Württemberg.