Al acercarse a la Residencia de Würzburg desde el patio de honor, el visitante descubre un palacio cuya grandeza no puede separarse de una historia compleja. Fue construido para los príncipes-obispos de Würzburg, es un referente del barroco europeo y forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Sin embargo, sus salas no son simplemente un interior cortesano conservado intacto: el incendio de 1945 destruyó gran parte del edificio y décadas de reconstrucción determinaron lo que hoy se contempla. La visita resulta más interesante cuando se tienen presentes ambas dimensiones: la ambición artística y el cuidadoso trabajo de rescate, restauración e interpretación.
Las obras comenzaron en 1720 bajo el príncipe-obispo Johann Philipp Franz von Schönborn, quien encargó el diseño al joven arquitecto Balthasar Neumann. La estructura principal se terminó en 1744, pero el mobiliario y la decoración interior continuaron hasta alrededor de 1780. Neumann siguió siendo una figura central bajo los sucesivos patronos, incluido Friedrich Carl von Schönborn, hermano de Johann Philipp. El palacio combina el barroco alemán, el clasicismo francés y corrientes procedentes de Viena, además de aprovechar los diseños y consejos de varios arquitectos europeos destacados.