Junto a la Puerta de los Leones, en la Ciudad Vieja de Jerusalén, la piscina de Bethesda se encuentra al lado de la iglesia de Santa Ana, en un lugar donde se cruzan arqueología y memoria religiosa. El Evangelio de Juan describe una piscina cerca de la Puerta de las Ovejas y narra la curación de un hombre enfermo desde hacía 38 años. El conjunto de estanques conservado se identifica tradicionalmente con aquella Bethesda. Conviene mantener separadas las categorías: el Evangelio es un texto religioso, mientras que las piscinas excavadas y sus estructuras son evidencias materiales cuya cronología y función estudian los arqueólogos.
Los restos visibles no corresponden a un único estanque pequeño. Incluyen dos grandes depósitos separados por una división central tallada en la roca, una disposición que se ha relacionado con la referencia evangélica a cinco pórticos. La información de la iglesia de Santa Ana presenta las piscinas históricas junto a la basílica, mientras que los estudios han analizado la evolución y función de cada depósito. La configuración física explica parte del interés que el lugar despierta entre historiadores, especialistas bíblicos, peregrinos y visitantes interesados en el abastecimiento de agua de Jerusalén.