La Puerta de Jaffa es una de las entradas más conocidas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, pero es mucho más que un arco junto a la Ciudadela. Sigue siendo un paso abierto en la muralla occidental, un lugar donde confluyen nombres de distintas lenguas y donde se cruzan historias de caminos, peregrinaciones y defensa. En árabe se llama Bab al-Khalil, o Puerta de Hebrón; en hebreo y en inglés se conoce habitualmente como Puerta de Jaffa. Los nombres señalan rutas diferentes: una hacia Hebrón, en el interior, y otra hacia Jaffa, puerto mediterráneo históricamente conectado con Jerusalén.
La puerta forma parte del sistema de murallas otomanas asociado al sultán Solimán el Magnífico. Una inscripción conmemorativa menciona al gobernante y una fecha de construcción en el año 945 de la Hégira, equivalente a 1538–1539. El Ministerio palestino de Asuntos de Jerusalén describe una abertura de piedra seguida por un vestíbulo cubierto y un pasaje que gira antes de desembocar en la ciudad. Ese quiebro no era ornamental: una entrada sin línea recta dificultaba una irrupción rápida, mientras las puertas pesadas y la mampostería reforzaban el carácter defensivo del acceso.