Al acercarse a Aigues-Mortes por la llanura de la Camarga, las murallas aparecen antes que la ciudad. La línea de piedra emerge entre marismas y cielo abierto y dibuja un recinto medieval casi completo. Dentro, las calles conducen hacia una plaza; fuera, el horizonte se abre sobre humedales y salinas. Pocos lugares hacen tan visible la idea de frontera.
En 1240, Luis IX —más tarde San Luis— fundó Aigues-Mortes como puerto real mediterráneo. La corona buscaba una salida marítima directa y desde aquí partieron expediciones de cruzada. La historia publicada por la oficina turística local registra la salida del rey hacia la Séptima Cruzada en 1248 y el inicio del proyecto de fortificación en 1266. Las obras continuaron bajo sus sucesores y Felipe IV las completó en 1285. El resultado fue una ciudad planificada, casi cuadrangular, con puertas monumentales y torres defensivas.