En el monte Espinho, por encima de Braga, Bom Jesus do Monte es a la vez santuario, recorrido de peregrinación ajardinado y uno de los miradores más reconocibles del norte de Portugal. La iglesia corona una ladera boscosa; capillas, fuentes, jardines y escalinatas ordenan la subida. No es simplemente una iglesia a la que se llega por unos peldaños: el ascenso forma parte del sentido religioso del lugar y de la experiencia que hoy viven sus visitantes.
Según la Unesco, el santuario se desarrolló durante más de seis siglos y refleja la tradición europea de los Sacri Monti o montes sagrados. Tras el Concilio de Trento del siglo XVI, las comunidades católicas impulsaron estos paisajes devocionales. En Bom Jesus, el itinerario evoca la Jerusalén cristiana mediante un Vía Crucis señalizado por capillas y escenas escultóricas de la Pasión de Cristo. La subida convierte el desplazamiento por la ladera en una sucesión de oración, contemplación y vistas cambiantes de Braga.