Al oeste del centro histórico de Tomar, el Convento de Cristo corona una colina dentro de las murallas del antiguo castillo templario. Su escala impresiona de inmediato, pero no es un edificio de una sola época: es un conjunto transformado durante siglos por órdenes militares, monarcas, reformas religiosas y distintas ideas sobre el lugar de Portugal en el mundo. La Unesco lo inscribió en 1983 por su arquitectura y su singular trayectoria.
La historia comienza en 1160, cuando Gualdim Pais, maestre de los templarios en Portugal, fundó el castillo y empezó a levantar un centro religioso fortificado. Tomar fue una plaza estratégica durante la formación medieval del reino. La ubicación en altura era práctica y simbólica: las murallas protegían un centro de mando y, en su interior, se desarrollaba la vida religiosa de la comunidad. El conjunto conserva huellas de ambas funciones.