Los castillos de Bellinzona no son tres atracciones aisladas sobre colinas. Forman un sistema defensivo construido alrededor de una ciudad que controlaba el paso por el valle del Tesino y el acceso a importantes puertos alpinos. La Unesco describe el conjunto como una fortificación excepcional de finales de la Edad Media: varios castillos, una muralla que cerraba el valle y defensas que protegían la población mercantil. La ubicación conectaba rutas al norte y al sur de los Alpes, lo que ayuda a entender por qué gobernantes y ejércitos se disputaron Bellinzona en distintas épocas. Hoy la misma topografía organiza la visita: una fortaleza se levanta sobre el centro y las otras ocupan laderas distintas.
El bien inscrito por la Unesco se titula oficialmente «Tres castillos, muralla y defensas del burgo de Bellinzona». Sus tres castillos principales son Castelgrande, Montebello y Sasso Corbaro; la Murata y las defensas urbanas forman parte esencial del conjunto, no son un mero telón de fondo. La fortaleza fue inscrita en 2000. Su valor reside en cómo se combinaron el relieve y la mampostería: las defensas dominaban el valle y estrechaban el corredor, mientras las murallas de la localidad protegían a residentes y comerciantes. Recorrer el sistema ayuda a comprender esa relación mejor que contemplar cada castillo como un monumento independiente.