En una ladera del barrio de Staglieno, el Cementerio Monumental de Staglieno es a la vez un cementerio en funcionamiento y una de las colecciones de escultura al aire libre más importantes de Génova. El Ayuntamiento lo describe como un museo al aire libre, una expresión útil si no oculta su función principal: todavía acuden personas a llorar y visitar las tumbas de sus familiares. Pórticos, terrazas, monumentos y pendientes arboladas componen un espacio de memoria, no una galería convencional; recorrerlo exige curiosidad y respeto.
El proyecto comenzó en 1835, cuando la ciudad encargó al arquitecto Carlo Barabino diseñar un nuevo cementerio fuera del congestionado centro histórico. Barabino murió durante la epidemia de cólera de ese año y su discípulo y colaborador Giovanni Battista Resasco continuó el trabajo. El plan de Resasco fue aprobado en 1840, las obras comenzaron en 1844 y el cementerio abrió oficialmente al público el 1 de enero de 1851, todavía inacabado. La cronología ayuda a entender por qué el lugar parece un paisaje cívico en evolución, no un monumento terminado en un solo momento.