La Ciudadela de Besançon se alza más de 100 metros sobre el casco antiguo, en un espolón rocoso rodeado por un estrecho meandro del río Doubs. La vista explica el emplazamiento antes de leer cualquier cartel: el río y las colinas forman un marco natural de defensa, mientras los tejados de la ciudad quedan dentro de la curva. La fortaleza integra un paisaje más amplio de murallas, torres y fuertes que convirtió a Besançon en un enclave estratégico del este de Francia.
La importancia del lugar es anterior a las murallas más conocidas de Vauban. La historia urbana se remonta a la Vesontio romana, y el meandro natural hacía de la colina un punto valioso de vigilancia y defensa. Después de que las tropas de Luis XIV conquistaran el Franco Condado en el siglo XVII, la Corona francesa buscó asegurar el territorio recién adquirido. El diseño de Vauban respondió al terreno en vez de imponer un plano uniforme: las fortificaciones siguen el espolón escarpado y dominan los accesos a la ciudad.