Vézelay se alza sobre el paisaje de Borgoña como una pequeña población en la cima de una colina, coronada por la basílica de Santa María Magdalena. La visita no se limita a entrar en una iglesia: la antigua abadía, las calles medievales y la pendiente forman un conjunto marcado por peregrinaciones, disputas religiosas y restauraciones posteriores. La UNESCO inscribió la Basílica y colina de Vézelay en 1979, por su arquitectura románica y por el entorno que creció a su alrededor. Llegar a pie por el pueblo permite apreciar la escala del lugar y acercarse gradualmente a una iglesia que merece tiempo.
En el siglo IX se estableció en Vézelay un monasterio benedictino. A mediados del siglo XI se difundió la creencia de que allí se conservaban reliquias de María Magdalena, y la abadía se convirtió en un importante centro de peregrinación. Esa atribución debe entenderse como una creencia medieval, no como una identidad demostrada de forma independiente. La llegada de peregrinos transformó el pueblo y lo conectó con rutas hacia Santiago de Compostela. La UNESCO señala que en el siglo XII Vézelay habría alcanzado entre 8.000 y 10.000 habitantes, una cifra notable para la época.