En La Chaux-de-Fonds, la relojería no se limita a una vitrina de museo. Está escrita en la cuadrícula de calles, la orientación de los edificios y la proximidad poco común entre viviendas, talleres y fábricas. Junto con la cercana Le Locle, la ciudad fue inscrita por la UNESCO en 2009 como ejemplo excepcional de urbanismo creado para una única industria que sigue viva.
La relojería se desarrolló en el Jura suizo desde el siglo XVII, en una región elevada donde la agricultura era difícil y los inviernos severos. La producción dependía de muchos especialistas que fabricaban y ensamblaban pequeños componentes. Las casas combinaban así vivienda y talleres luminosos; las fábricas posteriores continuaron integradas en el tejido urbano en vez de aislarse en un polígono lejano.