La iglesia de San Miguel de Hildesheim es uno de los monumentos fundamentales del románico otoniano europeo. El obispo Bernward dirigió su construcción entre 1010 y 1022, con dos transeptos, dos ábsides y soportes alternos en la nave. La UNESCO la inscribió junto con la catedral de Santa María en 1985 por su arquitectura y arte medieval.
La simetría se percibe al caminar: columnas, pilares, arcos y extremos opuestos producen un ritmo medido. El templo fue reconstruido cuidadosamente después de la destrucción bélica con documentación y material original. Sigue siendo una iglesia luterana activa y el culto tiene prioridad.