En Wörlitz, el jardín no es un recinto decorativo separado de la vida cotidiana. Los senderos pasan junto al agua, los puentes, los campos y los edificios, y la mirada se abre una y otra vez hacia el paisaje rural. Esa unión deliberada entre arte y territorio es la clave para comprender el Reino de los Jardines de Dessau-Wörlitz, una amplia región cultural de Sajonia-Anhalt, no un palacio rodeado por un único jardín formal. La UNESCO lo define como un experimento excepcional de diseño paisajístico del siglo XVIII: belleza, educación y economía debían convivir en un lugar que pudiera recorrerse a pie.
El proyecto tomó forma bajo el gobierno de Leopoldo III Federico Francisco, príncipe de Anhalt-Dessau entre 1740 y 1817, con la participación estrecha de su amigo y consejero, el arquitecto Friedrich Wilhelm von Erdmannsdorff. La UNESCO explica que sus viajes a Inglaterra para estudiar los jardines paisajistas y a Italia para observar edificios antiguos inspiraron la iniciativa. Wörlitz se convirtió en su núcleo, mientras que otros espacios relacionados se desarrollaron en la región durante unas cuatro décadas. El resultado no fue una copia de un jardín inglés trasladada a Alemania, sino una adaptación deliberada al territorio de los ríos Elba y Mulde.