Al noreste del pueblo búlgaro de Ivanovo, las iglesias rupestres ocupan cavidades naturales de un paisaje kárstico sobre el valle del Rusenski Lom. No son una iglesia independiente, sino un conjunto religioso disperso: capillas, celdas, templos y espacios monásticos fueron excavados en la roca a distintas alturas. Esa disposición forma parte de la experiencia. El visitante pasa de una abertura a otra y contempla el valle del río, en vez de recorrer una abadía convencional amurallada.
El sitio está a unos cuatro kilómetros del pueblo de Ivanovo, según el municipio, y a unos 16 kilómetros de Ruse, de acuerdo con la Unesco. Es una excursión posible desde la principal ciudad regional, pero el tramo final es rural y conviene planearlo, no dar por hecho que será un paseo urbano. El paisaje ayuda a entender la elección de los ermitaños: la roca ofrecía espacios de retiro y oración donde una comunidad pudo desarrollarse gradualmente.