A las afueras de Pliska, una pequeña localidad del noreste de Bulgaria, unas letras de gran tamaño emergen de un patio ajardinado. El Patio del Alfabeto Cirílico no es una ruina arqueológica ni el taller excavado donde se haya demostrado que nació la escritura. Es un conjunto cultural contemporáneo inaugurado en 2015 que reúne lengua, escultura y memoria nacional en el paisaje de la antigua capital medieval. Esa diferencia no le resta interés: permite apreciar el lugar como obra moderna y, a la vez, como invitación a examinar una historia compleja.
El conjunto abrió el 2 de mayo de 2015, durante las celebraciones por los 1.150 años de la conversión de Bulgaria al cristianismo. El Ministerio de Turismo búlgaro lo presenta como una iniciativa privada de Karen Aleksanyan, empresario armenio establecido en el país. Según la historia publicada por el propio recinto, compró unos 8.000 metros cuadrados y desarrolló el proyecto con artistas, arquitectos y constructores. El espacio se encuentra cerca del paisaje arqueológico de Pliska, donde pueden visitarse los restos históricos relacionados con las transformaciones políticas y religiosas del siglo IX.