En la Isla de los Museos de Berlín, el Neues Museum cuenta dos historias a la vez: la de los objetos que alberga y la del edificio que los presenta. Friedrich August Stüler diseñó el museo, construido entre 1843 y 1855. Sus salas decimonónicas fueron concebidas como parte de un paisaje museístico mayor, no como un contenedor neutro. La arquitectura, los interiores decorados y los espacios de exposición debían guiar al visitante por colecciones que abarcaban culturas y periodos antiguos.
El edificio sufrió graves daños durante la Segunda Guerra Mundial y permaneció cerrado durante décadas. En los años ochenta comenzaron trabajos de protección de emergencia, pero la restauración integral no se inició hasta 2003. El proyecto, dirigido por el estudio del arquitecto británico David Chipperfield, reparó la estructura y conservó, cuando fue posible, las huellas visibles de la destrucción. En vez de reconstruir cada sala como si la guerra nunca hubiera ocurrido, la intervención incorporó las rupturas y continuidades del edificio a la experiencia del visitante.