Pompeya no es simplemente un conjunto de muros antiguos bajo el Vesubio. Es una ciudad romana excepcionalmente legible: sus calles, viviendas y edificios públicos sobrevivieron porque una catástrofe volcánica los sepultó en el año 79 de nuestra era. La Unesco incluye Pompeya, Herculano y los restos arqueológicos de Torre Annunziata en un mismo bien del Patrimonio Mundial. Cada lugar aporta una perspectiva distinta, pero la amplia zona excavada de Pompeya permite seguir el trazado de una ciudad comercial por calles, manzanas y espacios cívicos, en vez de contemplar solo monumentos aislados.
Las excavaciones y el acceso público comenzaron de forma gradual a mediados del siglo XVIII, y la investigación continúa. La Unesco describe 44 hectáreas de restos urbanos excavados en Pompeya, entre ellos el foro, el Capitolio, la basílica, templos, baños públicos, dos teatros y un anfiteatro. También se conservan viviendas, tiendas, estancias pintadas y grafitis. Su valor no consiste en mostrar un día detenido de manera perfecta, sino en revelar una ciudad con edificios y vidas diversas, transformada por reparaciones, cambios económicos y movimientos sísmicos anteriores a la erupción.