El Stade de France es mucho más que un gran recinto al norte de París. Se construyó en Saint-Denis para la Copa Mundial de la FIFA de 1998 y fue concebido como un estadio nacional donde el fútbol y el rugby pudieran compartir sede, al tiempo que Francia contaba con un escenario para grandes pruebas de atletismo y acontecimientos culturales. La historia oficial del recinto describe un proyecto impulsado por una ambición pública y una colaboración local: además de servir al deporte internacional, debía contribuir a transformar el territorio que lo rodea.
Según el propio estadio, la construcción se realizó en 31 meses sobre un antiguo terreno industrial de gas. El diseño debía conciliar distintos usos, desde los deportes de campo que definen su identidad hasta una configuración para el atletismo. Esa versatilidad sigue siendo esencial para la experiencia del visitante. El estadio adapta su disposición a cada actividad: un partido de fútbol, una competición en pista y un concierto no ofrecen los mismos ángulos ni la misma atmósfera.