La catedral de Notre-Dame domina el centro histórico de Chartres, en el departamento francés de Eure-et-Loir. La información oficial indica que un tren directo la conecta con París y que la estación queda a unos diez minutos a pie. Es una iglesia católica activa y, a la vez, un monumento: los visitantes individuales pueden entrar gratis, pero el paso por la nave y los transeptos se interrumpe durante los oficios. No es solo un fondo para fotografías; sigue siendo un espacio de culto, peregrinación y vida comunitaria, y su ritmo religioso puede prevalecer sobre el itinerario turístico.
Su importancia se explica por la notable unidad de su arquitectura y decoración medievales. La UNESCO la describe como una expresión especialmente completa del arte gótico, en la que se integran arquitectura, escultura, superficies pintadas y vitrales. También es Patrimonio Mundial por la influencia que ejerció en el desarrollo del gótico en Francia y fuera del país. Desde la nave se entiende que no se trata de una suma de piezas aisladas: las portadas, los alzados, las ventanas y el pavimento dirigen la mirada a través de un conjunto coordinado.