El perfil de Alberobello no está formado por torres, sino por conos de piedra clara. En esta localidad del valle de Itria, en Apulia, los trulli —construcciones tradicionales de piedra caliza y techos en voladizo— convierten calles corrientes en un paisaje histórico singular. Su atractivo es visual, pero también práctico: los edificios responden a la piedra del lugar, a la vida rural y a conocimientos transmitidos durante generaciones. La visita más interesante va más allá de las cubiertas pintorescas y explica cómo funcionan las casas, qué zonas están protegidas y cómo recibir visitantes sin convertir un pueblo habitado en un decorado.
La Unesco describe los trulli como ejemplos destacados de construcción en piedra seca con hiladas en voladizo: las piedras se colocan sin mortero ni cemento. Los ejemplares más antiguos se remontan aproximadamente a mediados del siglo XIV. Una casa típica tiene muros gruesos de doble hoja, una estancia de planta más o menos rectangular y un techo cónico, abovedado o piramidal formado por lajas de caliza. La piedra procedía del terreno y de campos cercanos; la excavación de los cimientos podía crear también una cisterna bajo el piso, de modo que construcción y almacenamiento de agua estaban relacionados.