Los Sassi de Matera no son un único monumento, sino dos barrios históricos —Sasso Caveoso y Sasso Barisano— dentro de un paisaje que también incluye la cresta de la Civita y el Parque de las Iglesias Rupestres. En Basilicata, al sur de Italia, la ciudad se desarrolló junto a una garganta y una meseta de roca caliza. La UNESCO destaca este conjunto troglodita excepcional, donde viviendas, iglesias, monasterios y espacios de trabajo se adaptaron al terreno en vez de imponerle una cuadrícula urbana ajena.
La presencia humana en la zona se remonta al Paleolítico, mientras que el asentamiento se intensificó desde el siglo VIII, cuando la ciudad comenzó a crecer más allá de antiguas defensas. Las primeras casas de los Sassi eran cuevas naturales cerradas con muros levantados con bloques extraídos durante la excavación. Con el tiempo, la roca se convirtió en viviendas, cisternas, lugares de culto y patios compartidos. La UNESCO registra más de mil viviendas en la propiedad amplia, pero no existe un único modelo de casa cueva: los edificios reflejan diversas épocas y formas de ocupación.