El Museo Nacional del Prado es uno de los grandes hitos culturales de Madrid, pero su importancia no depende solo de su tamaño o fama. El núcleo del museo procede de las colecciones artísticas de la monarquía española, y sus salas permiten seguir cómo reyes, mecenas y artistas construyeron la historia visual de España y Europa. Velázquez, Goya, El Greco, el Bosco, Tiziano y Rubens son algunos de los nombres que atraen al público; la colección también incluye escultura, dibujos, estampas y artes decorativas. Para una primera visita conviene elegir un recorrido acotado por un museo extenso, en vez de correr para marcar cada cuadro célebre.
El Prado se encuentra en el Paseo del Prado, en el centro de Madrid y dentro del Paseo del Arte, cerca del Thyssen-Bornemisza y del Reina Sofía. Su edificio Villanueva merece atención por sí mismo. La historia oficial del museo cuenta que Juan de Villanueva lo diseñó en 1785 para albergar un Gabinete de Historia Natural encargado por Carlos III. Fernando VII, impulsado por la reina María Isabel de Braganza, cambió el destino del inmueble y lo abrió al público como Real Museo de Pinturas en noviembre de 1819. El paso de una institución científica proyectada a un museo público de arte ayuda a comprender el diseño sobrio y ordenado de sus galerías.