La primera imagen del Acueducto de Segovia parece una escena teatral: dos niveles de arcos de granito se elevan sobre el tránsito de la plaza del Azoguejo y enmarcan la ciudad antigua. Pero no nació como una puerta triunfal, sino como infraestructura. Su función era conducir agua hasta un asentamiento romano en crecimiento y distribuirla por la población. Hoy sigue definiendo una de las siluetas urbanas más reconocibles de España.
El monumento forma parte del conjunto «Ciudad vieja y acueducto de Segovia», inscrito por la Unesco en 1985. El bien protegido es más amplio que la arquería famosa: comprende el casco histórico, con el Alcázar, iglesias románicas, la catedral gótica y la antigua Casa de Moneda entre sus referentes. El acueducto cobra sentido dentro de ese paisaje, donde calles y edificios conservan huellas de comunidades que convivieron y trabajaron en la ciudad.