En Reims, uno de los museos más reveladores ocupa un lugar que ya era central para la ciudad mucho antes de que el primer visitante cruzara sus salas. El Museo Saint-Remi se encuentra en una antigua abadía benedictina real, junto a la iglesia vinculada a la tumba del obispo que le da nombre. Sus colecciones recorren la historia de Reims y de su región. Por eso, la visita no se limita a admirar arquitectura religiosa: permite comprender cómo una ciudad romana, medieval y moderna creció alrededor de una poderosa institución eclesiástica.
La importancia de la abadía no fue únicamente arquitectónica. La UNESCO señala que la fundación benedictina real se remonta al siglo VIII y que la iglesia de peregrinación se construyó en torno a la tumba de san Remigio, obispo de Reims entre 440 y 533. La abadía participó en el ritual de coronación de los reyes franceses: las ceremonias comenzaban y terminaban allí, y la comunidad custodiaba la Santa Ampolla, cuyo crisma se empleaba en la unción real. Esa tradición explica por qué el emplazamiento del museo importa tanto como las piezas expuestas.