El puente de Sant’Angelo cruza el Tíber entre el centro de Roma y el castillo homónimo, antiguo mausoleo del emperador Adriano. El portal oficial de turismo de Roma señala que Adriano encargó su construcción en el año 136 d. C. para comunicar la ciudad con la entrada de su tumba. Originalmente llamado Pons Aelius, el puente ha cambiado de aspecto y uso en varias ocasiones, pero conserva una función fácil de reconocer: permite cruzar el río hacia la monumental construcción de la otra orilla. Hoy el puente es un paso urbano público; el castillo, en cambio, es un museo independiente, con sus propias entradas y horarios.
Su ubicación hizo que el puente fuera especialmente importante para las peregrinaciones a San Pedro. Durante el jubileo de 1300, la multitud obligó a organizar el tránsito. La historia oficial de Roma explica que se establecieron dos corrientes peatonales opuestas, separadas por una fila de puestos, y que Dante aludió a esa disposición en la Divina comedia. La respuesta práctica al gentío contrasta con el paseo pausado de muchos visitantes actuales. El puente nunca fue solo un fondo pintoresco para el castillo: formaba parte del recorrido por el que residentes y peregrinos se desplazaban en una ciudad densa y ceremonial.