A unos 30 kilómetros al noroeste de Lisboa, el Real Edificio de Mafra domina la localidad con una fachada simétrica de dimensiones extraordinarias. Llamarlo “palacio” solo cuenta una parte de la historia. El bien de la Unesco comprende el palacio real, la basílica, el convento franciscano, el Jardín del Cerco y la Tapada, antiguo parque de caza real. Juntos forman uno de los proyectos constructivos más ambiciosos del reinado de João V, época de extraordinaria riqueza para el imperio portugués.
La Unesco documenta que João V concibió el proyecto en 1711 como representación material de su idea de la monarquía y del Estado. Las obras comenzaron en 1717 y la basílica se consagró en 1730, el día del cumpleaños del rey, antes de que el conjunto estuviera terminado. Los trabajos continuaron después; la construcción se prolongó hasta mediados del siglo. La distinción importa: Mafra no surgió de una campaña breve, sino de una larga iniciativa real cuya escala creció junto con sus ambiciones.