Ostia Antica conserva los restos de la antigua ciudad de Ostia, cerca de la desembocadura del Tíber y al suroeste del centro de Roma. Su nombre se relaciona con ostium, término latino para la boca de un río, y su emplazamiento junto al Tíber y las salinas costeras determinó su función estratégica. Una inundación posterior cambió el curso del río, mientras los sedimentos y las variaciones de la costa dejaron el área arqueológica tierra adentro respecto al litoral actual. El paisaje también forma parte de la historia.
La tradición literaria romana atribuía la fundación de Ostia al rey Anco Marcio, en el siglo VII a. C. La arqueología permite una formulación más prudente: los restos más antiguos identificados por el parque corresponden a un asentamiento fortificado, o castrum, del siglo IV a. C. La diferencia importa. La leyenda expresa cómo recordaban los romanos el origen de la ciudad; las estructuras excavadas ofrecen la evidencia más firme de su primera forma. Ostia rebasó las fortificaciones iniciales y, con su crecimiento, se construyó un circuito de murallas más amplio.