En Nara, el camino hacia Tōdai-ji atraviesa una ciudad de templos antiguos y conduce a un recinto cuya escala revela una ambición política además de religiosa. La historia oficial del templo remonta sus orígenes institucionales a una pequeña ermita de montaña establecida en 728, antes de que el gobierno del emperador Shōmu ampliara el proyecto. En 741, la corte ordenó fundar templos y conventos provinciales por todo el país; Tōdai-ji se convirtió en el principal templo de esa red budista respaldada por el Estado.
La decisión de crear un Buda monumental llegó en 743. La imagen fue concebida como Vairocana, o Rushana, un Buda cuyo nombre expresa la idea de una luz que ilumina todas las cosas. La fundición continuó después del regreso de la corte a Nara y el cuerpo de bronce se completó en 749 mediante varias uniones de fundición. La escala exigía movilizar mano de obra, recursos y compromiso religioso de forma extraordinaria. Por eso, la historia de Tōdai-ji no empieza solo con una estatua, sino con el intento de relacionar la protección del país con la doctrina budista.