En la antigua capital de Nara, entre céspedes donde vagan libremente ciervos mansos, se alza uno de los templos más importantes de Japón. Tōdai-ji — el «Gran Templo del Este» — alberga el Daibutsu, una colosal figura de bronce del Buda que ha atraído peregrinos durante casi trece siglos, resguardada en uno de los mayores edificios de madera de la tierra.
Tōdai-ji no es solo una obra maestra del arte y la ingeniería budistas; en su fundación fue un instrumento del Estado, destinado a unificar a una nación joven bajo la protección del Buda.