Hōryū-ji se encuentra en Ikaruga, en la prefectura de Nara, donde una extensa llanura se abre hacia las colinas al oeste de la antigua región de la capital. El visitante no llega a un monumento aislado, sino a un recinto con dos conjuntos diferenciados —el occidental y el oriental—, pabellones, puertas y corredores cubiertos. Su escala serena contrasta con las calles concurridas del centro de Nara, aunque es uno de los lugares esenciales de Japón para comprender cómo arraigaron el budismo, la autoridad política y la arquitectura en los primeros siglos del Estado japonés.
La historia fundacional del templo está estrechamente vinculada al príncipe Shōtoku y a la familia imperial. Según el propio Hōryū-ji, el emperador Yōmei prometió construir un templo y una imagen de Buda durante una enfermedad, pero murió antes de cumplir ese deseo. A la emperatriz Suiko y al príncipe heredero Shōtoku se les atribuye haberlo realizado hacia 607, según los registros del templo. La tradición aparece en escritos históricos, entre ellos una inscripción en el halo de la estatua de Yakushi Nyorai y los registros patrimoniales de Hōryū-ji de 747.